
Transitar por una vía especialmente agradable con dos o tres carriles por sentido, espacio para vehículos lentos, velocidades intermedias y "fitipaldis", áreas de descanso, firme en condiciones más que adecuadas, ... privilegios que conllevan el pago de un peaje que permita costear la inversión inicial en la infraestructura y los posteriores gastos derivados del mantenimiento y conservación de la misma. Lógico, normal y asumible.
Verte obligado a utilizar carreteras secundarias y abonar la parte alícuota del peaje que día tras día se cobra al conductor, asumir el riesgo de una carretera con un único carril por sentido que obliga a adelantar siempre por el carril contrario y únicamente en los tramos habilitados al efecto, rodar al ritmo impuesto por los demás, sufrir el insufrible bacheado, defectos en la iluminación y señalización, ser consciente en cada segundo de que no vas por donde te gustaría y para colmo de males ... pagando un injusto peaje.
¡Cuán lejos quedan las verdes espesuras y las altas colinas!
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