De forma casual o azarosa, o más bien de forma causal y plenamente intencionada, encuentro al amigo Eduardo Punset (quien, por cierto, en su día formó parte de las listas electorales de la extinta UCD) tratando -casi de pasada- sobre el "tema de marras" al que tiempo ha dedicamos un amplio post.Sostiene Punset que uno de los elementos claramente diferenciadores entre hombres y mujeres (amén de los aspectos puramente físicos) proviene de un tiempo tan antiguo como nuestra época cavernícola y ha ido evolucionando a lo largo de los años, siglos y milenios pero manteniendo un fondo común: la diferencia entre unos y otras radica en la capacidad innata para la predicción del comportamiento de sistemas inertes, en un caso, y vivos en el otro.
El hombre, por tanto, es experto en predecir cómo se comportarán en diferentes situaciones sistemas inertes tales como arcos, flechas, máquinas o artilugios de distinta índole correspondientes a cada época. Mientras que la mujer se especializa en la predicción del comportamiento de sistemas vivos tales como los hijos, padres, marido, amigas/os, ... ante estímulos afectivos, sensoriales, etc., etc. (pudiendo utilizar este conocimiento en su propio beneficio ...).
Estas características diferenciadoras que ya podían apreciarse en las cuevas y que se han mantenido desde entonces (adaptándose a los tiempos) tienen sin embargo los días contados pues, según pronostica Eduardo, en 50-100-200 años no serán un elemento relevante en la identidad definitoria de cada sexo dado que la mujer (con su incorporación plena al "mundo de las máquinas") tiende a adquirir las mismas habilidades que caracterizaban al hombre, perdiendo a cambio parte de sus propias capacidades singulares, al tiempo que, en paralelo, el hombre adquiere cualidades "femeninas" sacrificando parcialmente las que le son propias y características.
Caminamos, por tanto, hacia un mundo de iguales que más bien podríamos calificar como "mundo de idénticos" en el que ni unas ni otros tendrán la "capacidad de predicción del comportamiento de los sistemas vivos" que podían tener nuestras tatarabuelas, abuelas o madres.
Y si lo dice Eduardo Punset ...
3 comentarios:
Bueno, eso (posts I y II) se llama evolución. Puede que evolución hasta la extinción, pero si eso pasa, es que nos lo merecíamos ¿Quién ha dicho que tengamos que estar siempre aquí?
Que tristeza, la uniformidad del ser. En lugar de complementarnos, nos convertiríamos en seres igualmente grises y entonces ¿Qué nos atraería del sexo contrario? Quizá eso tampoco llegue a ser necesario ¿Existe algún mecanismo de parada de emergencia?
Si no hay mecanismo de parada de emergencia ... deberíamos inventarlo ... espero que aún estemos a tiempo ...
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