jueves, 18 de marzo de 2010

Trilogía de Madrid (I): el Círculo a primera hora

Madrid es un imán y yo soy un cuerpo magnetizado. A veces nos enfrentamos ... Madrid me repele ... otras, las más, nos atraemos mutuamente con una fuerza manifiestamente superior a las restantes en la naturaleza ...

El Círculo de Bellas Artes (1919) es fruto del ingente talento del arquitecto Antonio Palacios. "La arquitectura de Antonio Palacios en el entorno de una ciudad como Madrid se inscribe en la encrucijada cultural de los cuarenta primeros años del siglo XX. Su obra construida y proyectada se sitúa en la geografía de unos territorios donde la filosofía moderna intentó situar el pensamiento y la acción entre el mundo concebido como voluntad y el mundo como ensoñación" (Antonio Fernández-Alba).

El edificio se ubica en la esquina de la calle Alcalá con -nada más y nada menos- que la Gran Vía matritense. En la otra esquina, el símbolo entre los símbolos: Metrópolis.

Inaugurada en 1911, la obra arquitectónica rematada actualmente por la efigie de la Victoria Alada fue diseñada en su día por Jules y Raymond Février para la compañía de seguros La Unión y el Fénix. A prinicipios de los setenta el edificio pasó a ser propiedad de la aseguradora Metrópolis siendo reemplazada la estatua de bronce original del Fénix (emblema de la anterior propiedad) y añadiéndose el letrero que finalmente terminó dando nombre al inmueble.

Cúpulas y tejados de pizarra evocan recuerdos parisinos. Modernismo, vanguardismo y hasta barroquismo se dan la mano en apenas unos metros. El Círculo abre sus ojos con los primeros destellos del alba y mientras ... quien suscribe aún permanece soñando ...
5 ostrillizos: Trilogía de Madrid (I): el Círculo a primera hora Madrid es un imán y yo soy un cuerpo magnetizado. A veces nos enfrentamos ... Madrid me repele ... otras, las más, nos atraemos mutuamente c...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ayer, a la salida del teatro, disfruté de una Gran Vía espléndidamente iluminada, limpia y restaurada, tan distinta de esa misma avenida grisácea de hace unas décadas. Ahora que parece que vuelve el buen tiempo, me volveré a subir a un autobús panorámico para disfrutar de los edificios desde otra perspectiva. O me perderé por el Barrio de Letras o el Madrid de los Austrias, nariz al aire, distrutando de frisos, portales o azoteas. Sin rumbo fijo. Y luego a casa, lejos del tráfico, el ruido y la polución. Madrid amor y odio, lo suficientemente cerca como para disfrutarla y huír de ella.

ostrillizos dijo...

Madrid y su gata ... que es fósforo y detonador a un tiempo ...
Siempre me han atraido especialmente las luces de Madrid y en particular ese instante mágico en que coexisten lo artificial y lo natural, lo soñado y lo real, la belleza idealizada por la noche y esa belleza serena desnuda al alba que supera con creces toda idealización ...

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