domingo, 7 de marzo de 2010

Habitáculos del alma

En el camino compruebo que el alma alberga múltiples estancias, habitáculos y compartimentos: salones, cocinas, despachos, patios, ... incluso desvanes y sótanos.

Custodia el desván recuerdos agradables cuidadosamente embalados, a salvo quizá del paso del tiempo, prestos a ser revividos en cuanto se abre la puerta sita al final del último tramo de escaleras.

El sótano por su parte es un lugar inhóspito, lúgubre, repleto de humedades y alimañas. Un rincón de díficil acceso carente de ascensor, escalinata o medio alguno que permita el paso a su interior de forma gradual y sosegada.

Al sótano se accede de golpe a través de una trampilla que a veces queda abierta provocando que si uno no repara en su presencia termine dando con sus huesos en el duro suelo de cemento. Una vez allí, todo es oscuro y denso, las heridas y los golpes -por más leves que sean- duelen infinitamente más que en la superficie.

Y la salida ... la salida queda entreabierta ... mas para llegar a ella habrá que escalar un escarpado muro de piedra que parece no terminar nunca. Por fin, sin resuello, retornas al punto de partida. Has de descansar y para ello entornas los ojos. Cuando por fin te reincorporas, buscas en balde la trampilla que provocó tu caida ... pero el sótano es astuto y rápidamente ha cambiado su punto de entrada para poder encontrarte confiado y desprevenido en una nueva ocasión.

Hoy os escribo desde otra estancia, desde un patio andaluz alicatado hasta media altura de azulejos color azul, verde, amarillo y blanco. A la vera de un velador de taberna antigua, sentado sobre un sillón de tubo pintado de blanco inmaculado. Hoy apenas entra el sol en este patio ... pero de momento es más que suficiente.
5 ostrillizos: Habitáculos del alma En el camino compruebo que el alma alberga múltiples estancias, habitáculos y compartimentos: salones, cocinas, despachos, patios, ... inclu...

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